Estado de Emergencia

Sobre el proyecto de investigación -creación Estado de Prueba

Maria Fernanda Ariza

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La irrupción del tema de los imaginarios políticas de nación a través de iniciativas muchas veces performaticas sobre la palabra y el rol que desempeña la academia misma en estos procesos políticamente intencionados es un fenómeno de gran actualidad, pero de poco alcance, y hasta con dificultades para su propia comprensión, generadas precisamente por la tensión entre el pensar-hacer del arte, y el campo de acción del mismo en el proyecto pedagógico de Estado. 

¿Cómo abordar la cuestión?

Desde un principio, el grupo constituido para desarrollar esta iniciativa surgió fruto de una carencia, que llegó rápidamente a convertirse en necesidad de reflexión enfocada hacía el desarrollo de un proyecto amalgamado en 8 procesos de investigación, la relación de estos decanta en el escenario en cual fueron concebidos, la Universidad Jorge Tadeo Lozano, y la cadena de acción-participación directa de algunos de sus integrantes en la transformación de lo que hasta entonces había sido una campaña general de inconformismo y resistencia pasiva.

Ahora bien, la idea de penetrar y de algún modo infectar este espacio de manera simbólica desplaza una renovación constante de preguntas acerca del ejercicio práctico en el ritual académico.

La acción política que en estos proyectos se transforma, nos habla de un contexto específico, de una experiencia atravesada por tiempos y espacios determinados, y de un compromiso políticamente consiente sobre cada uno de los sucesivos modos de ser o estar en comunidad. Estas formas que se actualizan en el espacio público, privado de corporalidad, son el cuerpo social que baila sin cesar la parodia de lo que comúnmente se conoce como “lo social” contemporáneo y que hace referencia al modo en que estos seres sociales se identifican en el plano de la vida cotidiana.

 Esta aproximación permite preguntarse a su vez por las dinámicas institucionales, ya sean individuales o colectivas, que han sustentado históricamente la idea de nación, haciendo visibles el cúmulo de efectos culturales que conforman nuestro estado social de derecho. En este debate simbólico, pero no menos importante, lo que se quiere romper es  con el unanimismo cultual en el cual circulan todos los presupuestos nacionales, incluyendo la educación, se trata pues de entender el caminar como una forma de intervenir, como un mecanismo de participación menos invisible, más consiente, y que de alguna manera responde a una familiaridad harto intuitiva sobre el que- hacer, que-decir disciplinado.

 La reflexión se ubica entonces en espacios sociales de gran impacto, cada uno de los proyectos pone en evidencia su existencia dentro de un contexto a través de diferentes tácticas retóricas, imágenes, discursos, acciones, metáforas que se materializan en el hecho de pensarse y ubicarse en un espacio. Esto supone una necesidad urgente de resignificar las estructuras y los compromisos sociales de antemano presentes, y de esta forma, re-escribir cada uno de los apartes que sustentan nuestra  manera de ver- pasar la historia.

 Tal ejercicio obliga a la sospecha, pues produce simultáneamente a otro antagónico, que en los principio de inclusión y exclusión reproduce la esfera de lo público costumbrista amañado en el marco del Estado-nación. En estos procesos lo que se hace público es la relación ampliamente considerada del término, el espacio de diálogo  como un ámbito abierto de debate donde los ciudadanos deliberan sobre los asuntos de interés común (Jürgen Habermas)y aún más dan muestra de una apropiación sobre los procesos de inmersión que desde la institución soportan los contenidos de dicha práctica, los estudiantes, también ciudadanos, toman partida en el discurso del arte de manera propia y es esta confrontación constante entre lo que es necesario para la continuidad del sistema de enseñanza y aquello que emerge precisamente para su transformación lo que prueba una vez más la posibilidad de convertir la empresa privada en un medio de acción política, en el sentido consiente de la palabra. 

Estado de prueba, es más bien un estado de emergencia propio de discusión, responde así a los fenómenos manifiestos en la conciencia de un acaecer diario, “forma de expresividad que se actualiza en el espacio público, encargada de dramatizar relaciones e identidades sociales, de cuestionar las prácticas o símbolos que estructuran la vida comunitaria y de revelar las posibilidades de agencia de los sujetos en la constitución del mundo social” (Vich y Zabala, 2004). En este sentido, se trata de potenciar y cuestionar el saber en otros saberes diferentes, transmutables, que pueden ser o no desiguales, y que están presentes en las explicaciones que ellos mismos reconstruyen sobre la experiencia.