FREE*

Irit Rogoff. Traducción: Guillermo Vanegas Flórez. Corrección de la traducción: María Mercedes Salgado 


-¿Quién quiere saber?
- Yo.
¿Qué quieres saber?
-¡No sé!

En algún momento del año pasado propuse en mi institución, Goldsmiths, University of London, que creáramos una academia libre, adyacente a nuestra institución y la llamáramos “Goldsmiths Free”. Las respuestas ante esta propuesta que no eran sonrisitas desvaídas frente a su naturaleza aparentemente adolescente, oscilaban entre la perplejidad –“¿Qué obtendríamos con eso?”-, y el pánico –“¿Cómo podríamos financiar eso?” Nadie discutió qué sería lo que se enseñaría allí o de qué manera se distinguiría el trabajo que se adelantara allá del que se hace en una institución como la nuestra, donde se pagan honorarios, se otorgan grados y se dirigen investigaciones. Ese, por supuesto, era el punto: qué haría diferente a esa institución –no sólo en términos de redefinir el lugar de entrada dentro de la estructura (exonerada de costos de inscripción o matrícula y de calificaciones previas) o su modus operandi de trabajo (no basado en la obtención de grados, sin exámenes, no sujeto a los mecanismos estatales de monitoreo y evaluación)-, sino también, cómo podría ubicarse allí un  tipo de conocimiento distinto. Y sobre eso era que yo quería que se pensara, sobre la diferencia en el conocimiento mismo, su naturaleza, su estatus y su influencia.

La clase de conocimiento que me interesaba analizar en  mi propuesta tenía que ver con uno que no estuviera enmarcado por órdenes disciplinarios o temáticos, que pudiera ser válido en relación con un problema urgente –y no con problemas predefinidos por las convenciones mismas del conocimiento-, y que atendiera mejor las presiones y luchas de la contemporaneidad. Cuando el conocimiento está “desenmarcado”, está menos fundamentado genealógicamente y puede desplazarse con mayor facilidad hacia adelante que hacia atrás. Esa forma de conocimiento tendría mucho que ver, obviamente, con todo aquello que he adquirido de mi experiencia en el mundo del arte (en gran parte un equipamiento de permisos que ven en el saber un reconocimiento de sus facultades performativas –aquello que el conocimiento permite, más que aquello que es). Pero los permisos que he localizado en el mundo del arte vienen con su propia carga de limitaciones, una tendencia a reducir las operaciones complejas de la especulación a su ilustración o a un género que podría ejemplificarse visualmente como “estudio” o “investigación”.  ¿Podría haber, me preguntaba, otro modo en que el conocimiento pueda liberarse sin tener que asumir una amplia serie de manierismos genéricos, sin convertirse en una tropa estética puesta en manos de curadores hambrientos por encontrar el último “giro”?

¡Seguramente las cabezas entrechocarían! La noción de “libertad” ha sido tan degradada por su uso en expresiones como  “libre mercado”, las propuestas discutibles de la nueva economía “libre” de Internet o las promesas históricamente falsas de libertad individual, que resulta bastante difícil encontrar qué hay más allá de esos lemas vacíos. Sin embargo, la posibilidad de producir alguna proximidad interrogativa entre “conocimiento” y “gratuidad” parece tanto inevitable como irresistible, en particular desde la perspectiva de las luchas actuales sobre la educación en Europa.

La actual dirección hacia el conocimiento y, por consiguiente, hacia alguna forma de su expansión y transformación, parece mucho más importante que la simple discusión sobre las categorías en que opera. Para intentar esta transición, quisiera pensar en varias cuestiones que considero relevantes:

1.- Primero, y sobre todo, ¿qué es el conocimiento cuando es  “libre”?

2.- ¿Existen lugares, tales como los espacios de arte, en donde el conocimiento puede ser más “espontáneo” que en otros?

3.- ¿Cuáles son las implicaciones institucionales de albergar un conocimiento que sea “gratis”?

4.- ¿Cuáles son aquellas economías de lo “libre” que podrían probar una alternativa al mercado y de las economías de obtención de resultados y de orientación a través de la comparación del conocimiento institucionalmente estructurado en el presente? 

Evidentemente necesito pensar sobre las luchas en torno a la educación, sus ubicaciones alternativas, los tipos de economías emergentes que podrían tener algún interés en su replanteamiento y, finalmente, en la manera que la “educación” puede ser percibida como un modo organizacional alternativo, no de información o de conocimientos formales –con su mercadeo concomitante-, sino como otra forma de estar juntos, no predeterminada por la obtención de logros sino por el seguimiento de direcciones. Aquí, tengo en mente un proceso de “singularización del conocimiento”, que discutiré más adelante.

Por supuesto que, en relación con “libre” no tengo en mente cierta forma de liberación romántica. El conocimiento no puede ser “liberado”, se halla infinitamente incorporado a largas líneas de transformaciones que se enlazan de formas inexplicables para producir conjunciones nuevas. Ni tampoco tengo en mente el romanticismo del conocimiento de “vanguardia”, con sus modos confrontacionales de “innovación” como ruptura y partida. Ni estoy particularmente interesado en aquello que se ha dado en llamar “interdisciplinariedad” que, con sus insinuaciones de movilidad y “cooperación” entre disciplinas, deja intactas de facto todas aquellas membranas de división y sus lógicas de separación y compartimentación.

Ni tampoco, finalmente, (y digo esto estando algo calificado), es mi principal meta deshacer las categorías disciplinarias y profesionales que han dividido y aislado cuerpos de conocimiento unos de otros para así promover un campo heterogéneo de cuerpos poblados de conocimiento similares a las estrategias de mercado que aseguran la elección y multiplicidad y dignifican las prácticas de segregación epistemológica a través de la producción de infinitas subcategorías nuevas para cuerpos heredados de conocimiento nombrado y contenido.

Existe una relación irritante entre libertad, individualidad y soberanía, que posee una relevancia particular en el contexto de lo que se está discutiendo aquí, puesto que el conocimiento y la educación tienen un punto de apoyo tanto en procesos de individualización como de socialización. Hannah Arendt expresa esto concisamente cuando advierte que

Políticamente, esta identificación de libertad con soberanía quizá sea la consecuencia más perniciosa y peligrosa de la ecuación filosófica de libertad y libre voluntad. Por esta vía cualquiera de las dos conduce a una negación de la libertad humana –a saber, que si todo hombre puede realizarla, entonces nadie sería soberano-, o a la idea de que la libertad de un hombre, grupo o cuerpo político solamente puede ser obtenida al precio de la libertad, o la soberanía, de todos los demás. Dentro del marco de trabajo conceptual de la filosofía tradicional, ciertamente resulta bastante complicado comprender de qué forma la libertad y la no soberanía pueden existir juntas o, en otras palabras, cómo puede otorgarse libertad a hombres que viven bajo condiciones de no soberanía [1] 

Finalmente, mi interés es trabajar alrededor de ambos conceptos, libertad y soberanía; a través de operaciones de “singularización”. Tal vez este sea el conocimiento des-individualizado, des-radicalizado –en el sentido convencional de la definición de radical como ruptura- y aun operativo dentro de los circuitos de la singularidad – del “nuevo modo relacional del sujeto”-, que me preocupa en esta instancia.

De esta forma, la tarea que tengo entre manos tiene que ver menos con un tipo de liberación del confinamiento que con un deshacer de las condiciones mismas de éste confinamiento.

Mientras la circulación ilimitada de capital, bienes, información, alianzas hegemónicas, temores populistas, patrones de excelencia recientemente globalizados, etc., funcionen como algunos de los distintivos de la última fase neoliberal del capitalismo, nosotros no podemos simplemente equiparar  cada forma de lo ilimitado para juzgarlas a todas como igualmente insidiosas. “Libre”, en relación con el conocimiento, me parece que tiene poder menos en su expansión que en un movimiento fundamentalmente centrípeto; menos en un proceso de penetración y colonización de todo, según el modelo implacable del capital, que en alcanzar entidades inesperadas y luego representarlas, proyectándolas dentro del campo de la percepción.

 

Tomado de: http://e-flux.com/journal/view/120. Última consulta: mayo 25 de 2010.

 

Guillermo Vanegas. Psicólogo.Trabaja como docente universitario y crítico de arte en Bogotá.

María Mercedes Salgado es egresada del Departamento de Artes de la Universidad de Los Andes.

 

NOTAS

*.- Se mantiene el título en su idioma original, para resaltar las múltiples acepciones de la palabra (libre, libertad, gratis, gratuidad, espontáneo, desocupado), que intenta transmitir el autor a lo largo de esta introducción a su escrito. De ahí que cuando se encuentre la palabra “free”, ésta sea traducida por alguna de sus definiciones en español, tratando de mantener el tono general del texto.

De igual manera, hay que mencionar que los subtítulos restantes del texto son Struggles, Economies, Sites, Vectors, todos circulando en torno a un tema que, por fortuna y para su tranquilidad, los departamentos de arte de nuestras universidades locales no se han decidido a tocar a plenitud… para que eso suceda faltan unos dos o tres años.

1.- Hannah Arendt, “What is Freedom?”, capítulo VI “Revolution and Preservation” en The Portable Hannah Arendt, (ed. Peter R. Baehr) (Penguin, Londres, Penguin, 2000), p.455.