Fernando Escobar - Un caso en el barrio Moravia de Medellin

[Suplemento]

FERNANDO ESCOBAR NEIRA

Algunos apuntes sobre la producción de espacios públicos desde prácticas culturales y artísticas: un caso en el barrio Moravia de Medellín

En memoria del Maestro Gustavo Zalamea

 

Introducción

Este texto recoge algunos aspectos de la investigación realizada entre 2008 y 2010 en el barrio Moravia, de la Comuna 4 – Aranjuez en Medellín, dentro del programa de la maestría en geografía humana de El Colegio de Michoacán A.C., México[1]. Esta misma investigación tuvo lugar de manera simultánea con un proyecto de curaduría que orbitó alrededor del recientemente inaugurado Centro de Desarrollo Cultural de Moravia (CDCM), en el que el autor participó[2].

Se abordarán asuntos que atañen a las relaciones contradictorias, solidarias, complementarias y combativas que se dan simultáneamente entre los actores sociales vinculados a prácticas culturales, que participan en procesos de transformación urbana y en la producción de espacios públicos, manteniendo como ejemplo la transformación socio-espacial del barrio Moravia, en el contexto actual de las ciudades latinoamericanas. 

Para situar mejor la anterior reflexión se harán algunas precisiones sobre problemas surgidos de las relaciones entre cultura y ciudad, arte y cultura, culturas políticas y políticas culturales, con el fin de aclarar un poco los discursos sobre el papel de ciertas prácticas culturales en la construcción de comunidad y de ciudad.

En otras palabras, este artículo abordará distintos aspectos relacionados con los retos y dificultades en la espacialización de prácticas culturales, dentro de las que caben las artísticas, en ciudades periféricas como las latinoamericanas. Del mismo modo, se problematizará la presencia de distintos idearios y representaciones sociales de lo artístico y lo cultural en sus dimensiones local y global, que establecen significados de lo artístico, de lo político y lo social que pugnan al asociarse a ciertas prácticas culturales contemporáneas, sus agentes (públicos y privados) e instituciones.

Para lograr lo planteado hasta este punto, se propone una entrada que se aparta un poco de la teoría e historia del arte y la cultura como discursos habituales, situándose mejor, en un ir y venir constante entre los supuestos de las prácticas culturales en sí mismas y algunos marcos propios de las ciencias sociales.

 

Presentación

En términos generales este trabajo no hace alusión a una pretendida forma correcta de describir, definir y explicar el espacio público urbano. Existen varias razones de peso para evadir tal postura. Se presentan las principales:

- La primera es que sostener la posibilidad de una caracterización homogénea del espacio público urbano capaz de englobar lo que sucede en todas las ciudades colombianas o en las ciudades latinoamericanas, ocultaría una gran contradicción en tanto el espacio público se asume en esta reflexión – a la luz de distintas investigaciones académicas y desarrollos teóricos- como el espacio producido para el encuentro con el otro, y que por lo mismo, se debe reconocer como dotado de dimensiones tan complejas y específicas como la cultural, la política y la ciudadana. La anterior consideración echa por tierra cualquier intento por homogenizar las condiciones y características de los espacios públicos.

- En segundo término, se ha de tener en cuenta que conservar una definición rígida y exacta del espacio público como resultado de un cúmulo de acciones ciudadanas en relación con los objetos producidos en el espacio de la ciudad, terminaría por impedir la identificación del papel de los actores sociales en relación con la producción del territorio y de las relaciones de poder entre tales actores.

Por todo lo anterior, la explicación que en cambio se ofrece se concentra en describir algunas especificidades culturales, políticas de Colombia en general y de Medellín en particular. Se da por descontado que estas especificidades forman parte de una serie de valores socioculturales y premisas que como los derechos humanos o la ciudadanía, son de índole universal, es decir, comparten un horizonte que establece valores comunes que se pueden reconocer en numerosas ciudades alrededor del mundo. Aún así, también es evidente que las especificidades culturales y políticas estallan el significado y trascendencia de tales valores y obligan a situarlos en contextos específicos, bajo condiciones muchas veces límite que no permiten una comparación adecuada, o mejor, no soportan un ejercicio juicioso de comparación.

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Vista de la cancha de fútbol de Moravia, 2008. Foto de Fernando Escobar.
 

Considérense las posibles gobernanzas que sobre un territorio se puede ejercer: no pueden obviarse las distintas relaciones que entre formas de ejercicio de la ciudadanía y de gobierno de una ciudad se hacen viables acordar o resistir. De este modo, el territorio, el papel de los actores sociales que lo producen y las relaciones de poder entre ellos, desde la pregunta por la capacidad de las prácticas culturales en Moravia para producir espacios públicos, por ejemplo, conduce con no pocos obstáculos de por medio a tener que considerar la existencia de hecho de una gobernanza de tipo cultural. Sin embargo, no se debe perder de vista que cada ejemplo de práctica cultural que se quiera abordar, debe atender los distintos matices y especificidades que involucra en su espacialización.

Para abordar las distintas problemáticas involucradas en el proceso de Moravia se hizo mucho más útil emplear la categoría “espacios comunes” ya que acota, especifica y sitúa en un lugar concreto mucho más reducido y con actores sociales reconocibles, todos los asuntos que se asocian habitualmente con la categoría más general “espacio público”, que por su amplitud y uso corriente en distintos escenarios, ha terminado por vaciarse un poco de sentido.

Siguiendo con los casos de Moravia y de Medellín vale la pena destacar que en esta ciudad durante la última década, la cultura y la educación se han establecido como elementos fundamentales para un ejercicio ciudadano, lo que ha redundado en la apropiación y acumulación de ciertos capitales cultural, político, social y económico por parte del grueso de su población. Esto se puede entender mejor a partir del concepto “espacio común”, en tanto no da por sentado que lo público preexiste a la organización social, o que la calle por “naturaleza” sea pública (Da Representaçao, 2009: 123):

En el caso de los espacios comunes, el territorio visto como espacio sujeto de múltiples apropiaciones se presenta como una dimensión central, tanto para el desarrollo de estrategias identitarias, como para aprehender la articulación de intereses respecto de la construcción y gestión de estos espacios. (…).

Las posibilidades analíticas del concepto de espacio común permiten pensar los procesos empíricos de construcción del espacio atendiendo a la compleja trama de actores involucrados en su utilización y gestión, quienes sustentan recursos e intereses diferenciales. Intenta contribuir, analizando una situación concreta, a una concepción de la gestión urbana incorporando la idea co-constitutiva de actores de la sociedad civil y del Estado, así como las posibles implicancias derivadas del uso de la noción de gobernanza territorial y su articulación con la construcción de demandas ciudadanas en términos de derechos.

El concepto propuesto por Da Representaçao promueve una serie de preguntas a propósito de la situación estratégica de estos espacios comunes en tanto dispositivos que surten de imaginarios a la ciudad y reproducen los idearios de los motivos de lucha y movilización sociales al interior de las organizaciones o de los lugares concretos/espacios urbanos en donde son producidos.

Aquí aparece la cuestión sobre la manera más adecuada, que no correcta, para  asumir los espacios públicos de un barrio en una ciudad latinoamericana, que es el caso que anima esta reflexión. Por lo general, los espacios públicos se admiten como algo que pertenece “naturalmente” a la comunidad, esté organizada o no, sea esta conciente de ello o no. Al ser asumidos de esta forma, quedan excluidas de hecho las motivaciones y necesidades que llevaron a establecer cierto orden social espacializado, que es lo que representa en últimas un espacio público.

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Vista parcial del inicio del cerramiento del antiguo botadero de basura a cielo abierto en Moravia, en el que participó un equipo interdisciplinar e internacional que incluía diseñadores urbanos y artistas. Foto: Fernando Escobar, 2009
 

Obviar las condiciones y recursos de un grupo social y del ordenamiento institucional al que se enfrentan, o con el que pugnan por el control de tales espacios públicos, termina encubriendo aspectos como los intereses individuales de los líderes comunitarios que dicen representar los derechos de “la comunidad”, o los intereses para beneficiarse económicamente que puede tener un actor privado, por presentar dos ilustraciones básicas.

En otro punto, o mejor, con la acción de otro actor en todo este asunto, como lo es el Estado y su tendencia a la institucionalización de los espacios públicos al poner en marcha todos sus recursos, se corre el riesgo de minimizar el conflicto inherente a una organización social si se atiende sólo a la perspectiva institucional. Por lo mismo, no se debe perder de vista que una determinada comunidad puede estar abocada a desvirtuar cualquier acción encaminada a la impugnación de alguna regla impuesta por el grupo hegemónico, como en efecto ocurrió en Moravia cuando el orden fue establecido por algún grupo armado al margen del complejo proceso de organización comunitaria del barrio.

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Pie de Foto: Vista de la estación de metro Caribe y la Terminal de Transporte del Norte desde el sector Brisas de Oriente en el Morro de Moravia. Fernando Escobar, 2009.
 

Un último aspecto en este sentido propuesto, lo conforman las acciones de apropiación y actualización permanente que los habitantes de un barrio dan a las intervenciones que el gobierno de turno haya realizado en el sector. Esta situación se ha dado en Moravia con especial importancia a partir del año 2004, cuando comenzó el último gran proyecto de reasentamiento y renovación urbana a cargo de la alcaldía de la ciudad: El macroproyecto de intervención integral de Moravia y su área de influencia 2004-2011.

Acotando un poco lo anterior, se puede afirmar que en Medellín las políticas urbanas actuales no han dependido exclusivamente de la voluntad de sus últimos alcaldes, de los miembros del concejo de la ciudad o del gobernador del Departamento. Tampoco de las asesorías y trabajo de los expertos vinculados a las Universidades de Antioquia y Universidad Nacional o provenientes de organismos internacionales. La intervención de la empresa privada interesada en fijar imágenes ideales de ciudad para ser vendidas a través del turismo y la invitación a la inversión no ha hecho radicalmente la diferencia. Y no han dependido del todo de la organización social del barrio.   

Gracias al estudio realizado, se puede aseverar que la situación actual de Medellín en general y de Moravia en particular, se explica por el ingreso de la ciudad en una dinámica urbana que apunta a ofrecer soluciones a una serie de necesidades sociales inaplazables y al mismo tiempo a garantizar la expansión de las inversiones de la empresa privada a través de obras de alto urbanismo.

Sin embargo, lo anterior no basta. Tal transformación se debe también a la participación entusiasta de una sociedad civil organizada alrededor de una experiencia colectiva que de algún modo han podido sistematizar y difundir. Finalmente, se debe reconocer como un factor central la coyuntura política que significó para la ciudad contar con dos alcaldes de talante independiente y progresista elegidos popularmente.

Cerrando esta idea, la categoría “multidimensionalidad contradictoria” a la que aluden Reguillo y Godoy (2005), propia de las ciudades latinoamericanas, se expresa claramente en las tensiones y procesos de permanente concertación entre el gobiernos local de Medellín, las organizaciones para la participación ciudadana y las iniciativas privadas de transformación urbana emanadas de barrios y la comunas, que convergieron en políticas y planes de corto y mediano plazo tendientes encontrar la solución a algunas de las necesidades más urgentes de los sectores que se encuentran en permanente riesgo y adversidad, como buena parte de Moravia.

 

Temas de discusión

Ahora, se enumeran y detallan asuntos diversos para una discusión posible en el contexto de esta publicación: 

- El notificación por parte de las ciencias sociales de un cambio de paradigma a propósito sus preocupaciones y la manera como se acercaban a la realidad social. Este cambio se conoció con el con el nombre “giro cultural”, antecediendo el desplazamiento de “la cultura” o “lo cultural” al centro de distintos ámbitos, que condujeron a la cultura a establecerse como un cuarto poder, junto al político, al financiero y al militar, aunque de otra naturaleza (Montiel, 2010). Más recientemente Touraine (2005), atendiendo a las evidencias, afirmó que lo social como se entendía hasta hoy, se habría  disuelto.

- Las ciudades son los lugares concretos en donde tienen lugar con mayor frecuencia e intensidad las nuevas experiencias del espacio público relacionadas con el acceso y circulación de numerosos dispositivos tecnológicos y las defensas más visibles por el  alcance de derechos culturales por parte de distintas comunidades, organizaciones e individuos.

- Por lo anterior, se hace evidente que en las ciudades se concentra el mayor numero de prácticas artísticas relacionadas con los espacios públicos. Es innegable la influencia del mercado, que se refleja en el surgimiento de galerías, la profesionalización creciente de los actores del campo artístico, el aumento de los centros de formación profesional en arte en Bogotá y Medellín. A esto se le suma en estos mismos casos, con la existencia de sendos sistemas de cultura en funcionamiento, con políticas e instancias más o menos definidas que tienen injerencia en el diseño y puesta en marcha de distintas líneas de acción del campo cultural y artístico, que sin ser ideales, han sido garantía para la emergencia de ciertos procesos e iniciativas en manos de artistas y comunidades que el mercado no puede cubrir ni cooptar.

Aún así, estas dos ciudades no comparten del todo una misma estructura en términos de gobernabilidad, ni de gobernanza, ni de organización de la sociedad civil, ni tienen el mismo horizonte en términos de políticas culturales. Aunque las dos ciudades en cuestión estén inmersas en el cambiante proceso de globalización, estén inscritas en un mismo estado nacional, sus caracterizaciones sociopolíticas y situaciones culturales específicas son tan distintas, que ambas metrópolis emergen como “centros de poder autónomos” en Colombia. Esto ha venido ocurriendo en términos generales con las grandes metrópolis latinoamericanas.

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Pie de foto: Vista del Centro de Desarrollo Cultural de Moravia desde la canalización de la quebrada La Bermejala. Fernando Escobar, 2009.
 

Patricio Navia y Marc Zimmerman afirman que teniendo en cuenta la consolidación de la importancia política y económica, y el protagonismo cultural en ascenso de las grandes ciudades de América Latina, estas se están convirtiendo en centros autónomos de poder, algunas veces a pesar de los respectivos Estados Nacionales en los que se inscriben (Navia y Zimmerman, 2004). Entre las razones que exponen, una de las más interesantes es la emergencia y fortalecimiento de identidades urbanas expresadas en formas diversas: acciones colectivas animadas por la exigencia de reivindicaciones étnicas, de género, laborales o en general, ciudadanas; y la producción y oferta cultural y artística en distintos medios de expresión y circulación, que cada vez más se apoyan en nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

- Por otro lado, desde un sector del campo artístico colombiano, se afirma que en Colombia no ha existido una raigambre ni una continuidad de procesos, producciones o proyectos colectivos artísticos integrados claramente, orgánicamente a organizaciones sociales en pugna por lo público. Los referentes obligados por lo general han sido dos: el Taller 4 Rojo, de Bogotá, y el colectivo El Sindicato, asentado en Barranquilla que trabajó al igual que su par bogotano durante los años 70. Se afirma que después de ese momento habrían sido muy pocas las apariciones de colectivos artísticos en las narraciones habituales de la historia del arte de corte modernista en el país.

En años recientes las frecuentes irrupciones de tácticas artísticas colectivas de producción, circulación y gestión deben, si no obligar, al menos sí animar una revisión de los supuestos con los que se vinculaban ciertas prácticas artísticas a acciones colectivas, para hacer evidente que si no se registran dentro del campo del arte es porque han tenido lugar en escenarios de las nuevas luchas sociales contemporáneas.

Es importante señalar que estas no son iniciativas homogéneas, con rasgos comunes fáciles de distinguir. Por el contrario, difieren entre sí, y con respecto a prácticas antecedentes, en las tácticas que emplean para insertarse y articularse a circuitos no artísticos; en las estrategias implementadas para vincularse efectivamente con la institucionalidad del campo del arte local y al mismo tiempo, resistir y desviar la corrección política que le es propia; en las representaciones de lo artístico de las que se sirven para intervenir o para apropiar recursos; y en el ideario que movilizan en términos políticos, sociales y artísticos.

La reciente eclosión de numerosos y diversos procesos culturales articulados a acciones sociales colectivas no es un fenómeno exclusivo de Colombia o de América Latina: se encuentran numerosos ejemplos que han emergido de los distintos intersticios del sistema económico global, que se ubican en los lugares en donde persiste la desigualdad.

Las condiciones de emergencia de las acciones colectivas y de sus articulaciones con prácticas artísticas contemporáneas, son muchas, diversas y específicas por cada caso, por cada ciudad. Quiere decir esto que el sentido de “lo artístico” y también el significado de lo político y lo social asociado a la idea de arte que movilizan tales acciones colectivas, siempre están en pugna.

- Es innegable la influencia que los procesos de globalización han tenido en la creciente (y relativo) acceso y apropiación de espacios públicos de diversa índole por parte de los ciudadanos, por cuenta del uso de nuevas tecnologías de la comunicación y la información. También lo es que los recursos ahora en manos de esos ciudadanos hayan animado y radicalizado los conflictos culturales.

Las cuestiones descritas hasta este punto, además de no ser novedosas por aparecer insistentemente en los trabajos de numerosos investigadores especializados en temas urbanos, son estructuralmente similares a los de casi todas las ciudades de América Latina aunque existen, como es obvio, diferencias entre cada una de ellas y su respectivo proceso. En esto se ha insistido a lo largo del texto.

En esta dirección, autores como Bozzano (2009), Ciccolella (1999) y Janoshka (2002) entre otros expertos, han puesto en evidencia la importancia central que empiezan a tener en los estudios sobre las ciudades latinoamericanas actuales, el tipo de relaciones que generan entre sí los agentes que participan en su planeación, las políticas públicas con las que se cuenta en cada lugar, las tendencias globales en planeación urbana, la participación de organismos multilaterales en dicha planeación, las redes globales de acompañamiento de las que se sirven los gobiernos y las organizaciones sociales al abordar temas de planeación urbana, las formas locales de organización social – que tienden cada vez más hacia el ámbito de lo cultural-, y sobre todo, las causas específicas del crecimiento y transformación de la ciudad que se estudia.

Considerando lo anterior tal vez se pueda entender la afirmación hecha casi al inicio: en años recientes, en Medellín tiende a establecerse una gobernanza de tipo cultural. De acuerdo a recientes datos de la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín, esta ciudad es la que presenta la mayor inversión en cultura en el país, con un promedio de 19,48 dólares por habitante que contrasta con los 8,7 de Bogotá D.C. Esta información más allá de calificarla como positiva o negativa, abre preguntas sobre temas diversos que en apariencia no tendrían relación con “lo cultural”, como la organización social, la territorialidad urbana y sus actores, la metropolización, la gobernanza y la gobernabilidad, los procesos identitarios urbanos, la transformación del espacio público, la construcción de una memoria colectiva, las nuevas formas de lucha social, entre otros temas presentes en la cuestión urbana contemporánea latinoamericana.

 

Prácticas culturales y espacios comunes: El hip-hop de Moravia.

La concepción antropológica de la cultura ha sido integrada a las legislaciones de varios países, lo estético como valor autónomo, como valor que se afirma en sí mismo, se desdibuja, pasando a un segundo plano y al mismo tiempo, supone que la cultura y el arte llenarán los vacíos dejados por la política. La primera asociación que se puede hacer al respecto, es que se ha instrumentalizado el arte –que incluye al folclor y a las prácticas tradicionales-, pues se empieza a dar por sentado que sólo es válido o legítimo cuando consolida, fortalece o representa a una comunidad, o restaura el tejido social, o promueve el reconocimiento cultural.

En es dirección, Ana María Ochoa señala que (2003: 17),

diferentes grupos e instituciones reclaman la cultura como un campo crucial de intervención en el orden social y político. Y para este propósito todo el campo cultural, no sólo las artes, se constituye en el pretexto para la búsqueda de alternativas.  Así, todo el campo de lo simbólico se consolida hoy como objeto de política cultural.

En Colombia las dos últimas décadas han testificado el establecimiento en varios lugares de las grandes ciudades y del campo, escenarios de resistencia a la implementación global de políticas neoliberales para “reactivar” la economía, que han erosionado las garantías laborales de muchos trabajadores a lo largo y ancho del planeta. Estos escenarios de resistencia han venido ofreciendo soluciones de sostenimiento económico a muchas familias a través de la producción cultural, a pesar de los sostenidos bajos presupuestos oficiales para la cultura y las artes y el efecto del narcotráfico en la economía nacional, por mencionar apenas dos aspectos.

Coincidiendo con autores como Jesús Martín-Barbero (2002), Eduardo Nivón Bolán (2006), Ana María Ochoa Gautier (2003) y George Yúdice (2007), entre otros, este trabajo atiende con especial interés la especificidad de las relaciones posibles sociedad - estado que se han dado en América Latina a través de la cultura. Esta perspectiva otorga una importancia central a la identidad, por ejemplo, como un elemento capaz de articular prácticas culturales y espacios públicos en sociedades como las latinoamericanas. También reconoce el papel central de la política cultural en el marco de los conflictos, acuerdos, la gobernanza democrática y las movilizaciones sociales frente a instituciones públicas y privadas en defensa de sus derechos. Tales posturas coinciden en que la organización del espacio habitado es significativa individual y colectivamente, y que esa organización si bien  es  expresión de un modo de estar de una comunidad o de una sociedad específica, es también la materialización de una serie de valores universales.

En este apartado se presentará un caso cuyo papel mostró ser significativo en la transformación social y en el cambio espacial del barrio Moravia. La importancia de esta práctica se ha visto reflejado en la definición de espacios para disfrute colectivo, en el fortalecimiento de valores identitarios y en la inclusión de los jóvenes, -uno de los sectores sociales más marginados de un barrio históricamente marginado de Medellín-.

El caso en cuestión se ha denominado Músicas urbanas: el Hip Hop de Moravia. Tales músicas están representadas por distintas agrupaciones de jóvenes músicos adscritos al movimiento hip-hop, que es la cultura musical juvenil de mayor presencia y desarrollo en los últimos años en el barrio y en general en la ciudad. Es muy llamativo su surgimiento en relación con las violencias que han marcado a Medellín de manera ininterrumpida desde la década de los ochenta del siglo XX. Así mismo, se debe dirigir la atención a las distintas estrategias de organización que han adoptado los distintos grupos y asociaciones, que se han transformado durante las últimos años por razones tan heterogéneas como el cambio en las formas de gobierno de la ciudad, la implementación de políticas culturales públicas, y también, la apropiación y uso de las nuevas tecnologías para el trabajo en red a escala global, razones todas que a primera vista no tendrían mucho que ver con el “espacio público”, ni con “lo cultural”.

Un elemento central en esta discusión es el papel de la cultura popular, que se acepta, privilegia la imagen, la música y lo festivo, apelando a lo emotivo y a la comunicación directa de tales emociones buscando o conmover o identificarse con quienes escuchan o asisten a una presentación de música popular, sea esta rock, rap, punk o tradicional. Estas músicas que representan a sujetos jóvenes de todas las condiciones sociales se han convertido en vehículos bastante efectivos para expresar y elaborar afectividades colectivas y para  reproducir sus propias representaciones y sentidos de la espacialidad urbana (Ramírez y Aguilar, 2006: 7). En este sentido, el principal documento para abordar algunos aspectos relativos a las músicas urbanas en Moravia, quizá sea un disco compacto editado hace algo más de dos años, que recoge los principales temas musicales de las bandas más representativas de la Comuna 4 – Aranjuez: Barriología. Manifiesto contra el silencio (2008).

La actividad de los cada vez más numerosos grupos de hip hop que aparecen en Moravia y otros barrios de la periferia medellinense, es hoy reconocida y fomentada por el gobierno de la ciudad y respetada por los jóvenes miembros de combos. También ha servido para apropiar el espacio público del barrio, para producir espacios comunes, por ejemplo el parque lineal de La Bermejala o en el Caño en donde recrean con su presencia física, sus graffitis y música los  imaginarios sobre el barrio y la ciudad, su apego a Moravia y “las historias que todos conocen pero que nadie cuenta”, según dicen algunos de estos jóvenes.

La práctica del hip-hop ha fortalecido los espacios de expresión de los jóvenes de la comuna 4 - Aranjuez, especialmente de Moravia: les ha significado un ejercicio de ciudadanía y también cómo se ha convertido en una  herramienta fundamental para su visibilización como actores importantes de la Comuna y de la ciudad misma, tal y como lo han venido reconociendo, no sin dificultades, los dos últimos gobiernos de la ciudad.

El hip-hop surge en Medellín casi como un cambio de banda sonora de la violencia de los años ochenta, la época de oro de Pablo Escobar, cuando el punk era aparentemente más visible. En esos años, -y todavía hoy- escuchar heavy metal indicaba una condición social cercana a las clases medias y medias altas, por el contrario escuchar punk significaba que se provenía de algún barrio popular de la ciudad. A estas representaciones sociales se debe sumar hoy que, escuchar música rap o adscribirse a la cultura hip hop, significa de muchas maneras asumir la marginalidad de su práctica.

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Marcación del sitio de intervención en donde se planeó la construcción del "Nodo de Desarrollo Cultural No. 1 "El Morro", como extensión del Centro de Desarrollo Cultural de Moravia, que entró en funcionamiento en abril de 2011.Foto: Fernando Escobar, 2009

 

Ilustrando un poco el punto anterior, y de acuerdo con los datos que ofrece la Unión Temporal Cuatro Elementos sobre el censo realizado por la Oficina de Juventud de Medellín en 1994, la inteligencia militar había identificado ciento veinte bandas de sicarios integradas por cerca de tres mil jóvenes que provenían de los barrios más pobres de Medellín. Esos barrios coinciden con asombrosa exactitud con las zonas donde el hip hop y otras expresiones juveniles hacían presencia. En la misma publicación, recogen el testimonio de El Mocho, uno de los “pioneros” del hip hop de Medellín (Unión Temporal Cuatro Elementos,2008: 17):

Los giros del Break me llevaron al Rap. Los pantalones estrechos, las correas con chapa grande marcadas con el nombre de cada MC, los cordones anchísimos verde fluorescente, los busos tres rayas, la pañoleta y la aretica B boy, se convirtieron también en formas de sobrevivir, se transformaron sobre todo en chalecos antibalas. A nosotros el Hip Hop nos blindaba, nos salvaba de todo ese conflicto que se vivía. Entrenábamos todo el día en una cancha y por todos los lados sonaba bala, estaban los cuerpos muertos alrededor de nosotros pero no en la cancha no pasaba nada. Como artistas y representantes del Hip Hop podíamos subir donde los milicianos, bajábamos donde los pillos y todos nos querían ver.

En Moravia en años recientes se ha percibido un estallido de iniciativas de autogestión y autoformación, en parte gracias al empleo de nuevas tecnologías de la comunicación y la información y en parte como resultado de sucesivas intervenciones culturales y educativas planeadas por el gobierno de la ciudad que fortalecieron el ideario ya existente, que se sustenta en la correlación naturalizada y casi indiscutida entre cultura y paz.

Si en las décadas anteriores la lucha de los hip hoppers había sido por su visibilidad y el respeto de su vida, a comienzos del siglo XXI la lucha se ha concentrado en obtener el reconocimiento como artistas y todo lo que eso podría implicar en términos de acceso a la infraestructura instalada de la ciudad, recursos públicos y prestigio social. O sea el acceso a lo público. Esa condición contradictoria de la práctica cultural encarna una nueva la relación histórica entre la Institución Arte –en manos de especialistas y profesionales- y lo que el establecimiento cultural denomina “popular” -en manos de franjas sociales heterogéneas asociadas por medio de representaciones hegemónicas a lo bajo, lo vulgar, lo excesivo, lo masivo, lo informal-.

Sin embargo, y he aquí el quid del asunto, lo popular también estaría asociado a lo mas representativo -en términos identitarios- y que hoy ha sido apropiado por activismos transversales de los que abundan ejemplos a lo largo del siglo XX, como es el caso del movimiento Hip Hop en Moravia y la Comuna 4-Aranjuez que ha abierto otros espacios para el encuentro de nuevas ciudadanías.

 

Referencias bibliográficas:

Bozzano, Horacio. (2009). Territorios posibles. Procesos, lugares y actores. Buenos Aires: Lumiere.

Ciccolella, Pablo. (1999). “Globalización y duplicación en la región metropolitana de Buenos Aires. Grandes inversiones y reestructuración socioterritorial en los años noventa” en Eure. Revista Latinoamericana de Estudios Urbano Regionales, vol. XXV, no. 76, diciembre de 2009, pp. 5-27. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

Da Representaçao, Natalia. (2009). “Los Espacios Comunes como problema. Sociabilidad, gestión y territorio” en:  Catenazzi, A., Aída Quintar, María Cristina Cravino, Natalia Da Representaçao y Alicia Novick. El retorno de lo político a la cuestión urbana. Territorialidad y acción pública en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Buenos Aires: Coedición Universidad Nacional de General Sarmiento - Prometeo libros.

Escobar, Fernando. (2011). Prácticas culturales críticas de producción de espacios públicos en la transformación del barrio Moravia, Medellín, Colombia, 1984-2009 (tesis de maestría), La Piedad, El Colegio de Michoacán, Maestría en Geografía Humana.

Janoschka, Michael. (2002), “El Nuevo modelo de la ciudad latinoamericana: fragmentación y privatización”, en Eure. Revista Latinoamericana de Estudios Urbano Regionales, vol. XXVIII, núm. 85, diciembre de 2002, pp. 11-29. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile.

Martín-Barbero, Jesús. (2002). Oficio de cartógrafo. Travesías latinoamericanas de la comunicación en la cultura. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica.

Montiel, Edgar. (2010). El poder de la cultura. Recurso estratégico del desarrollo durable y la gobernanza democrática. Lima: Fondo de Cultura Económica.

Navia, Patricio, y Zimmerman, Marc (Coords.). (2004). Las ciudades latinoamericanas en el nuevo (des)orden mundial. México: Siglo XXI.

Nivón, Eduardo. (2006). La política cultural. Temas, problemas y oportunidades. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Fondo Regional para la Cultura y las Artes de la Zona Centro.

Ochoa, Ana María. (2003a). Entre los deseos y los deberes. Un ensayo crítico sobre políticas culturales. Bogotá: ICANH.

Ramírez Kuri, Patricia. y Aguilar, Miguel (comp.). (2006).  Pensar y habitar la ciudad. Afectividad, memoria y significado en el espacio urbano contemporáneo. México: Anthropos, Universidad Autónoma Metropolitana - Iztapalapa.

Reguillo, Rosanna y Godoy, Marcial (eds.). (2005). Ciudades Translocales: espacios, flujo, representación. Perspectivas desde las Américas. México: Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente-Social Science Research Council.

Touraine, Alain. (2005). Un nuevo paradigma. Para comprender el mundo de hoy. Buenos Aires: Paidós.

Unión temporal Cuatro Elementos (2008). Somos Hip Hop. Una experiencia de resistencia cultural en Medellín. Medellín: Alcaldía de Medellín.

Yúdice, George (2007). Nuevas tecnologías, música y experiencia. Barcelona: Gedisa.


Discografía.

Barriología. Manifiesto contra el silencio (2008) Compilación Festival Hip 4, Medellín, ELC Records [CD]. Versión Web en: http://www.archive.org/details/barriologia_hiphop_medellin



[1] El título de la tesis es “Prácticas culturales críticas de producción de espacios públicos en la transformación del barrio Moravia, Medellín, Colombia, 1984-2009).

[2] El proyecto referido es “Ex Situ/In Situ. Moravia, prácticas artísticas en comunidad” (2008-2011). Se puede consultar la página web: http://www.exsituinsitumoravia.com/

Revista de arte contemporaneo.

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